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Lemaitre y el coste de oportunidad

Enrique Jose Verdeguer Puig
  • ESADE Madrid
    Col.Acad.de Pers.Administ.
  • ESADE Madrid
    Director
El Mundo Valencia
December 11, 2018

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Siempre me ha gustado leer y cada vez me gusta más. Supongo que será otra forma de intentar escapar. Desde hace un tiempo, combino un libro nuevo con la relectura de alguno de los libros que me gustaron en el pasado.

Son curiosas las relecturas. Algunas te confirman que a pesar del paso del tiempo y de las circunstancias, tu percepción sigue siendo igual de impactante que la primera vez. Acabo de releer «La insoportable levedad del ser», de Kundera, y me ha vuelto a encantar. Lo mismo me pasó hace poco con «El guardián entre el centeno», de Salinger o «El maestro y Margarita», de Bulgakov. Sin embargo, terminé hace unos días un libro que me gustó muchísimo en mi juventud, como «Memorias de Adriano», de Yourcenar y esta vez me ha parecido mucho menos interesante y hasta me ha aburrido. ¿Habré cambiado yo? ¿Ha evolucionado mal el libro? ¿Influye tanto el momento de la lectura?

La relectura la combino con la lectura de nuevos libros. De entre lo nuevo que he leído últimamente me ha encantado la forma de escribir de Pierre Lemaitre, tanto en sus obras de novela negra, como las protagonizadas por el Inspector Verhoeven (Irène, Alex, Rosy & John, y Camille), como el resto de sus libros: «Vestido de novia», «Tres días y una vida», «Recursos Inhumanos» o su Premio Goncourt: «Nos vemos allá arriba». Es cierto que su punto de acidez y perversión no hace su lectura apta para todos los estómagos, pero debo reconocer que he disfrutado muchísimo todas las horas que le he dedicado.

Pensaba en esto, cuando me acordé de uno de los conceptos que primero estudié en Economía, como es el «coste de oportunidad», entendido como el valor de la mejor alternativa no realizada a cualquier decisión tomada. En un mundo de tiempo limitado, sería bueno interiorizar este término. Como casi todo en la vida, nada mejor que un ejemplo o una vivencia para asimilar algo. A mí, Lemaitre me ha enseñado, entre otras cosas, estimar el infinito coste de oportunidad que supone escuchar la enésima tertulia política o el quincuagésimo discurso «mitinero» en los que sólo soy capaz de apreciar ruido y mediocridad. Seguro que todos tenemos nuestro Lemaitre.

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