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Los costes del cambio climático

Jaume Giné Daví
  • Department of Law
    Member of Department/Service/Centre
Diari de Tarragona
December 9, 2018

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La 24º Conferencia mundial sobre el Cambio Climático (COP24) que se celebra del 3 al 14 de diciembre en Katowice (Polonia), se abrió con muchas incertidumbres.  Hará una radiografía de los  avances concretos realizados y de los compromisos que deben asumir los Estados que firmaron el Acuerdo de París de diciembre de 2105.

Los últimos informes de las Organizaciones Internacionales especializadas indican que la situación es cada año más alarmante, mientras la ventana de oportunidad para reaccionar se va reduciendo inexorablemente. Según la IPCC, el grupo de científicos de NNUU, solo quedan 12 años para evitar más daños, algunos irreversibles. Y lo peor: las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero que se habían estabilizado entre 2014 y 2016, volvieron a crecer en 2017 y 2018. Y para limitar a 2 grados el aumento térmico, los Estados deberían triplicar unos esfuerzos que son insuficientes. Urge aplicar, sin más demoras ni reservas, las políticas multilaterales y estatales necesarias para llevar a cabo una más rápida transición hacia las energías renovables como la solar y la eólica, frenar la deforestación, reducir las centrales de carbón, mejorar la eficiencia energética, etc. Pero muchos países siguen reacios a asumir mayores compromisos a corto plazo.

Falta voluntad política

Existen las tecnologías avanzadas para frenar el Calentamiento Global pero falta voluntad política. Los líderes siguen primando los intereses de determinados intereses económicos por encima de la defensa de los Bienes Globales. La decisión unilateral de Donald Trump de denunciar, el 1 de junio de 2017, los Acuerdos de París de 2015 firmados en su día por Barack Obama, constituyó un gran mazazo. Porque toda acción común deviene frágil  si no cuenta con el firme apoyo de la primera economía mundial. Y Trump se cerró a tratar el tema en la recién cumbre del G20 celebrada en Buenos Aires. Un mal presagio cara el COP24 en la medida que los 20 países, que totalizan el 80% de las emisiones globales, no acaban de comprometerse con los objetivos de los Acuerdos de París. Los principales líderes del G20 declinaron estar en Katowice. Además, los conflictos monetarios y comerciales provocados por Trump no favorecen el enfoque multilateral necesario para resolver los problemas globales.

Y si EEUU no participa, cabe que otros países sigan sus pasos, entre ellos algunos productores de petróleo como Arabia Saudita. Y Brasil, la primera economía latinoamericana y 7º emisor de gases con efecto invernadero, eligió como nuevo presidente a Jair Bolsonaro, un líder derechista cercano a Trump que avanzó su decisión de no acoger la COP25 en 2019. Otros países emergentes y en vías de desarrollo se resisten a asumir unos compromisos que rechaza EEUU que, hasta poco, era el primer emisor mundial de gases. Hoy, China e India son el primer y tercer contaminador. Pero argumentan que los países desarrollados que provocaron la situación actual deberían ahora asumir la mayor parte de los costes financieros de la lucha contra el calentamiento. China aún depende del carbón pero lleva a cabo la transición hacia un modelo económico más sostenible invirtiendo en las energías renovables y la nuclear. Pero otros países en desarrollo siguen priorizando el crecimiento económico con un fuerte impacto medioambiental.

La UE reacciona con reservas

En este contexto complejo y desfavorable, la UE anunció el 29 de noviembre un plan estratégico a largo plazo que prioriza las energías renovables y la eficiencia energética para lograr poner fin a las emisiones de efecto invernadero para 2050. Implicará, entre otras medidas, reducir gradualmente el uso de los combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural, que impulsaron el gran crecimiento de Occidente. Bruselas plantea que en 2040 no se vendan coches diesel y gasolina, lo que anuncia acelerar los cambios en el sector de la automoción. Un día antes, el JRC, un órgano asesor de la Comisión Europea, afirmó que la inacción ante el calentamiento costaría 240.000 millones de euros anuales a la UE. Pero, aun así, algunos Estados miembros son reacios a comprometerse. Incluso Francia, que ha visto crecer las emisiones de gases desde 2015, demoró sus objetivos de reducirlas hasta 2023. Emmanuel Macron sufre un gran desgaste político tras las movilizaciones ciudadanas contra un impuesto sobre el combustible decretado precisamente en el marco de las políticas públicas para favorecer la transición energética.

Los costes de la inacción

Los costes políticos, económicos y sociales de la inacción son y serán cada vez más altos para todos. Principalmente, para los países más pobres y amenazados por unas catástrofes, cada vez menos naturales y más devastadoras, que afectan a todos los continentes. En septiembre un tifón causó numerosas víctimas en Filipinas antes de alcanzar Hong-Kong. El Banco Mundial alertó sobre la vulnerabilidad de los países pobres de África, Asia del sur y América latina por razones climáticas, una situación que degrada las tierras y sus recursos alimenticios, la biodiversidad y provocan conflictos políticos locales y regionales que aceleran las migraciones de las poblaciones. Pero también afecta los países más ricos. EEUU y Canadá han sufrido este año los mayores incendios que se recuerdan. Y la multiplicación de catástrofes afecta a la vida y la salud de las personas, daña las infraestructuras e incrementa los costes financieros para los Gobiernos, las empresas, las aseguradoras, etc. En Katowice se tendrá una de las últimas oportunidades para reaccionar a tiempo.

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